Me decido a escribir mis sentimientos. Comienzo un diario como terapia.

Sábado 12 de febrero de 2022.

    5.50h. Suena mi nuevo despertador. Ese que he comprado para no tener los móviles en la habitación para dormir mejor según los consejos de mi prima que me cuida bien.

   En cuando suena se instala en mi interior un dolor que ya conozco, el dolor de los nervios localizado en mi estómago, un dolor que me dobla por la mitad. Intento recomponerme porque no tengo más remedio, no tengo más prórrogas, tengo que ir a trabajar.

    Me siento a tomar el desayuno. A mi, que siempre tengo hambre, que siempre tenía hambre, me cuesta dar el primer bocado a ese pan wasa que tomo para cuidarme desde que tengo mi problema de espalda. No me entra, no tengo ganas, pero me lo tengo que comer porque me espera una larga jornada de trabajo. Y una larga lista de medicamentos que empieza fuerte desde por la mañana.

    Llevo los cacharros a la cocina y en cuanto entro en el baño lo vomito todo. Supongo que he perdido también toda la medicación que he tomado hace 5 minutos, pero no me puedo arriesgar a una sobredosis y prefiero probar suerte y aguantar el dolor físico y psicológico en caso de no contar con los efectos del antidepresivo que he tomado.

    Me lavo y arreglo un poco esta cara y estos pelos que hoy parecen tener poco arreglo. No me pinto la raya del ojo porque sé que terminará ennegreciendo la zona de mis ojeras cuando llore, porque sé que voy a llorar. Tarde o temprano lo hago todos los días, o casi todos.

    Empiezo a vestirme con rapidez porque pienso que voy tarde ya que he perdido tiempo vomitando.

Cojo la comida (unos canónigos con unas lonchas de jamón york) y meto el café en el termo. Mi corazón se dispara por los nervios: "dónde está la tapadera del termo?" Sí, ahora mi corazón se acelera por cualquier cosa. Lo encuentro detrás de la cafetera, no ha sido para tanto, pero para mí ahora cualquier cosa es un mundo.

    Salgo de casa como quien sale para la guerra, aunque todo eso lo crea mi cabeza, ya lo sé, pero no puedo evitarlo. Llego al coche y cuando veo la hora otra vez me acelero. " Son ya las h, voy tarde!" Ahora tengo que esperar a este maldito montacargas que ralentiza la salida del garaje. 

    Al final a las ya estoy entrando en el hotel. Si es que yo siempre me agobio antes de tiempo. También es verdad que no es lo mismo el tráfico un día entre semana para entrar a las 15h  que un sábado para entrar a las 7h. Hoy lo que abundan son los taxis y vtcs que llevan a los fiesteros a casa. También hay alguna moto de alquiler con 2 valientes en sudadera. Sonrío para mí mientras pienso que se les va a pasar la cogorza que lleven solo del frío que están pasando. Ya llegando a la Plaza de las Cortes tengo que poner a prueba mi paciencia con los adolescentes borrachos en patinete que no saben ni por dónde andan.

    Entro en el vestuario y veo a G., que es la alegría de la huerta, y me pregunta que qué tal estoy y me intenta animar. Termino de uniformarme y vomito de nuevo pidiéndole disculpas a mi compañera por si le molesta. Yo por ejemplo si oigo a alguien vomitar me voy yo detrás.

Me lavo bien y tiro para cocina a llenar mi botella de agua. Allí me encuentro a uno de mis grandes apoyos en esta etapa que ya va para 16 meses. Es apoyo emocional y legal porque las instituciones no lo están haciendo bien conmigo. Por suerte mi empresa me está cuidando como a una hija. J. me ve nerviosa y empieza a intentar que respire lento y me calme, ya mi lo que me vienen son ganas de llorar. Pero no llego a hacerlo. Total, que después de hablar un poco me dispongo a fichar y empezar esta jornada que no sé qué me deparará.

    Me siento a leerme el dietario mientras J. me pone al día de lo más importante. Mientras se fuma un cigarro en la puerta llega mi marido. Mi apoyo, mi alegría, mi confidente, mi compañero; que viene de hacer el turno de noche aquí al lado y aprovecha para saludarme.

    Le cuento lo mal que he empezado la mañana y que ya le he soltado un mal comentario a un compañero que no se lo merecía, aunque inmediatamente le he pedido disculpas y le he explicado que estaba mal. Él lo ha debido notar antes porque yo no soy así y ya nos conocemos desde hace 4 años, así que antes de nada me pregunta si quiero tomar algo y le pido una tila. Me la trae y me ofrece ayudarme en lo que necesite, incluso a hacer check-in y check-outs. Me dice simpático que ya ha aprendido a hacerlos aunque no tiene nada que ver con su departamento.


Continuará.....

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